El Violinista de la Estación

lunes 28 de diciembre de 2009

No lo escribí yo, es una historia que anda dando vueltas por internet, y quise compartirla.

“Un hombre se sentó en una estación del metro en Washington y comenzó a tocar el violín, en una fría mañana de enero. Durante los siguientes 45 minutos, interpretó seis obras de Bach. Durante el mismo tiempo, se calcula que pasaron por esa estación algo más de mil personas, casi todas camino a sus trabajos.

Transcurrieron tres minutos hasta que alguien se detuvo ante el músico. Un hombre de mediana edad alteró por un segundo su paso y advirtió que había una persona tocando música. Un minuto más tarde, el violinista recibió su primera donación: una mujer arrojó un dólar en la lata y continuó su marcha. Algunos minutos más tarde, alguien se apoyó contra la pared a escuchar, pero enseguida miró su reloj y retomó su camino. Quien más atención prestó fue un niño de 3 años. Su madre tiraba del brazo, apurada, pero el niño se plantó ante el músico. Cuando su madre logró arrancarlo del lugar, el niño continuó volteando su cabeza para mirar al artista. Esto se repitió con otros niños. Todos los padres, sin excepción, los forzaron a seguir la marcha. En los tres cuartos de hora que el músico tocó, sólo siete personas se detuvieron y otras veinte dieron dinero, sin interrumpir su camino. El violinista recaudó 32 dólares. Cuando terminó de tocar y se hizo silencio, nadie pareció advertirlo. No hubo aplausos, ni reconocimientos.

Nadie lo sabía, pero ese violinista era Joshua Bell, uno de los mejores músicos del mundo, tocando las obras más complejas que se escribieron alguna vez, en un violín tasado en 3.5 millones de dólares. Dos días antes de su actuación en el metro, Bell colmó un teatro en Boston, con localidades que promediaban los 100 dólares. Esta es una historia real. La actuación de Joshua Bell de incógnito en el metro fue organizada por el diario The Washington Post como parte de un experimento social sobre la percepción, el gusto y las prioridades de las personas."



A veces queremos viajar lejos a descansar, y a conocer nuevos lugares, cuando ni siquiera sabemos donde estamos parados, ni sabemos apreciar lo que nos rodea.

lunes 14 de diciembre de 2009

Esperaba a que terminara este año para volver a escribir aquí. Claramente no me aguanté.

Hasta algunos días pensaba en que este año había sido de los peores. Sí, solo hasta hace unos días, porque a veces uno necesita dejar que la pintura repose para notar el verdadero color, esperar que el acorde se abra a través de la pieza, y no tirarlo directo a su cabeza.

Hasta hace algunos días, me sentía seguro por algunas decisiones que tomé. Ahora me doy cuenta que pequé de cobarde. Perdí como en la guerra, pero de mis heridas no estoy orgulloso. Por lo mismo, estoy atento a una nueva oportunidad, ser terco sirve. Bueno, a veces.

Lo bueno de la nada dejó de serlo, así tambien lo malo. Mi verdadero error fue el no darme cuenta de que nada es del todo certero. Mal por Aristóteles, ahí tiene usted señor. Las cosas no son estáticas, y, por lo mismo, no esperan a que uno llegue. Nada es del todo bueno o malo, porque sino, ¿Cómo distinguirlos?, ¿Porqué separarlos? (o bien: ¿Se pueden o no separar?).

Es un poco complicado, pero me hace falta el quitarme el miedo a la paradoja, a la contradicción. Ya noté cual fue mi verdadero error en este año, y me siento dichoso por haberlo notado. Me di cuenta, sin engañarme, de que sin valle no hay montaña.
 
Como bien dijo un sabio hombre:
no tengo a nadie a quien culpar, que no sea yo.
Pero, a pesar de todo, me merezco una felicitación.



Downside Up

lunes 8 de diciembre de 2008

"... and you have to imagine lying on a field of grass and looking up to the sky long enough that you start to see the sky as down, as an ocean below you.
And that is the state Downside Up"

La canción es de Peter Gabriel, del disco Ovo(2000).